Revolución Tecnológica

La Longevidad: el próximo territorio por conquistar para la Humanidad

04/09/2019

Por BENIGNO LACORT

Un nuevo escenario

Durante años la voz de expertos demógrafos ha pasado desapercibida. Sus análisis predictivos de entonces son la realidad de hoy. Y ahora que los síntomas se vuelven evidencias, discutir sobre las consecuencias de la evolución demográfica se ha convertido en macrotendencia.

Hay que dar la bienvenida a este debate, pues es uno de los grandes retos sociales del momento, aunque quizás nos quede la nostalgia de no haber empezado a pensar antes en algo que se veía venir con bastante claridad. Pero este es el escenario. Un escenario nuevo y desafiante.

Y, como todo escenario nuevo, requiere adaptación y replanteamientos. Pero, como también suele ocurrir, por el momento se percibe aún cierta resistencia al cambio y una gran inercia por extender soluciones del pasado que ya no se muestran efectivas. Esto se nota, en particular, con el discurso unidimensional de las pensiones como aparente única respuesta del Estado del Bienestar a la situación.

En definitiva, hemos pasado de no hablar del tema a hablar mucho del mismo, pero sin avanzar mucho más allá del diagnóstico y manteniendo un hilo argumental que conecta las pensiones con el envejecimiento. Y esto representa un problema dado que aun estando admitida la insostenibilidad del sistema en su forma actual, no aparecen propuestas altenativas ni tan siquiera parece a veces que haya voluntad de buscarlas.

Los límites del modelo actual

El fenómeno del envejecimiento es algo para lo que la sociedad occidental, que es donde más marcadamente aparece este efecto, no parece haberse preparado. El problema está detectado, pero no se aprecia una reacción bien focalizada por parte de ningún colectivo económico, social o político de quienes cabría esperar una visión estratégica al respecto. Necesitamos soluciones nuevas para abordar este nuevo escenario. Y la responsabilidad debe ser de todos.

La economía, cuyo crecimiento es indispensable para sostener el modelo, atraviesa una especie de agotamiento post-crisis, en el que apenas logra recuperar, tras muchos sacrificios, los niveles de PIB pre-crisis, con unas cifras de paro preocupantes, con unas tasas de crecimiento que no hacen albergar esperanzas de saltos ni suficientemente significativos ni suficientemente rápidos y con un endeudamiento que no parece sostenible. Por tanto, confiar la solución a la única carta de una subida de impuestos parece una opción poco realista.

Este panorama dibuja en el mundo desarrollado, en general, y en nuestro país, en particular, un escenario que pondrá en cuestión los modelos de solidaridad social si la población activa se encuentra en precario y el porcentaje de pasivos respecto de activos se sigue incrementando.

Un colectivo que demanda un futuro diferente

Pero ya no es solo que el modelo tradicional muestre signos de agotamiento. Es que a esto se ha de sumar que las prioridades de la población de mayor edad están cambiando.

No desean una reclusión en el sistema sociosanitario. Su evolución física y mental pasa por distintos estadios, de los cuales algunos son, o deberían ser, productivos. Son consumidores que no se resignan a ver restringido su poder adquisitivo abruptamente. Son agentes que precisan mantenerse activos para tener un adecuado equilibrio físico, mental y emocional.

Y cuando, por el contrario, se afirma que son un segmento “pasivo”, sólo hay que mirar el pasado reciente para reconocer que este colectivo ha sido la última línea de defensa contra la crisis, asumiendo el sostenimiento de muchas familias e individuos con problemas. Es preciso entender y reconocer, por tanto, su contribución a la Economía nacional.

Nos encontramos de repente con un capital humano infrautilizado, con necesidades insatisfechas, cuya vida se prolonga cada vez más y con un mejor estado de salud, que empieza a rechazar la propuesta que el vigente modelo de Bienestar ofrece a los que logran alcanzar la jubilación. Y qué decir de quienes no lo logran o se encuentran con enormes dificultades para lograrlo, quedando fuera del sistema productivo con 50 años, escasas probabilidades de encontrar un empleo y una esperanza de vida de casi 90 años.

Es hora de cambiar el modelo. Y ya no solo por las dudas que genera su sostenibilidad, sino por la certeza de que no es lo que la población demanda.

Un nuevo consenso social

Mientras los estamentos públicos se afanan buscando cómo alimentar el tradicional sistema de pensiones, es importante introducir elementos de reflexión que nos conduzcan a nuevos consensos.

A todos nos interesa que existan modelos sostenibles de bienestar para el futuro. A todos nos interesa mantener un cierto nivel de actividad que nos permita un envejecimiento saludable. A todos nos interesa que la economía crezca y el paro disminuya para que el sistema sea sostenible. La vida productiva de las personas no puede estar en riesgo permanente de finalizar abruptamente a partir de los 50 años.

¿Cómo alcanzar objetivos, como los anteriores, en los que probablemente todos podemos sentirnos reflejados? Cuando uno se ve obligado a cambiar, aparte del lógico vértigo ante lo desconocido, las primeras palabras que se le vienen a la cabeza son Innovación y/o Transformación.

Y puestos a innovar y a transformar, el escenario actual requiere que el consenso social se extienda más allá de las acciones puramente vinculadas con el sector público. La cuádruple hélice debe funcionar. El Estado, el ámbito académico, el ecosistema empresarial y la propia Sociedad han de cooperar de manera sincronizada para definir nuevos modelos y soluciones.

¿No hay forma de convertir el cambio demográfico en incremento de producto interior bruto? ¿No hay forma de aprovechar el valor intrínseco de la experiencia? ¿No hay forma de crear nuevos mercados de productos y servicios para una vida independiente y activa? ¿No hay formar de generar un sector industrial y económico alrededor? ¿No deberíamos invertir en Salud de la Ciudadanía considerando que este coste es solo una fracción del coste de tratar las dolencias? ¿No debería el sistema educativo adaptarse a esta nueva realidad social? …

 

No hay un único reto dentro de este nuevo escenario

La lógica de la Economía del Bienestar frente al fenómeno del Envejecimiento es un reto multidimensional que requiere una amplia revisión de los modelos actuales. Una revisión que convierta las amenazas en oportunidades. La buena noticia es que estas oportunidades son amplias y ciertas debido al enorme poder de transformación del nuevo Sector Económico que está creciendo alrededor de millones de personas que esperan un futuro diferente. Un colectivo económico que representará en Europa en 2025 más del 40% de la población y un tercio del PIB europeo. De hecho, las estimaciones indican que más del 38% de los puestos de trabajo en la UE estarán vinculados a este sector. Ahora bien, el cambio de enfoque radica en que no se trata de pensar en términos de “qué vamos a dar a los mayores”, sino que más bien se trata de pensar “qué vamos a hacer contando con los mayores” para redefinir el modelo.

Y no se puede establecer una brecha generacional con los más jóvenes. Justo al contrario. Es indispensable contar con ellos pues se trata, también, de su futuro. Sin los jóvenes, no hay futuro para los mayores. Y sin una solución creativa a los problemas actuales, no hay futuro para los jóvenes.

En definitiva, no solo no hay un único reto, sino que las soluciones deben ser intergeneracionales por definición. No solo porque han de ser económicamente sostenibles, sino porque el nuevo relato para los mayores de ahora necesariamente se convertirá en el modelo de futuro para los más jóvenes.

¿Realmente se va a producir el surgimiento de una Economía Sénior?

Al menos para mí no cabe duda alguna. Es más, considero que no hay otra opción salvo que queramos enfrentarnos a un conflicto generacional donde una juventud sin recursos rehúse ayudar a un colectivo envejecido que ha generado muchos recursos, pero que puede estar empezando a consumir más de lo que ha aportado. Al no haber capacidad de reposición, la probabilidad de una disputa por recursos escasos se incrementará.

Y es aquí donde yo veo la oportunidad. La presión por desarrollar esta Economía será alta. Y, como país, podemos esperar a que ocurra y actuemos por reacción o mimetismo con otros países, o podemos tratar de ser proactivos para desarrollarla por intención.

¿Está su organización, sea pública o privada, preparada para los cambios que se avecinan?

Habiendo entendido que se trata de un problema multidimensional, que requiere consenso de todos los actores de la cuádruple hélice, que la solución ha de ser intergeneracional y que la clave está en la Innovación y/o en la Transformación, cada uno, desde su responsabilidad y su sector, debería plantearse cómo serán sus estrategias de futuro.

Nuestros clientes cambian, nuestros trabajadores cambian, nuestro entorno cambia. Todo cambia y, en consecuencia, hemos de cambiar. Cambian los mercados y cambia la fuerza de trabajo. Amenaza y oportunidad al mismo tiempo. Y es muy importante entender que va a afectar a todos, no solo a los más mayores.

La tendencia al hablar de estos temas es fijarse en el incremento de la esperanza de vida y, por tanto, poner el foco en los “años extra” que vamos a vivir. Pero es imprescindible fijarse también en el preocupante incremento de la inactividad entre los europeos en la franja entre 50 y 65 años. No solo viviremos más años, sino que el periodo de inactividad (forzosa en muchos casos) se inicia cada vez antes.

Y el efecto conjunto de ambas tendencias hace que la población de más de 50 años, presente una riquísima variedad de perfiles que requieren nuevas soluciones. Soluciones que, como hemos comentado, requieren un enfoque intergeneracional.

Pues buen, estas son las piezas del tablero y con ellas hay que construir estrategias.

La responsabilidad de los directivos

Los directivos se encuentran en estos momentos ante una curiosa situación, pues el futuro que están decidiendo es su propio futuro. Y mientras la agenda a corto plazo se centra en reducción de costes, reducción de plantillas, jubilaciones, … no se está prestando atención a las nuevas oportunidades de crecimiento en el mercado ni al reaprovechamiento del talento sénior.

Donde yo veo la oportunidad (y creo que es donde deberían poner el foco los directivos actuales) es en la Innovación y la Tecnología para desarrollar este sector económico, con un salto en creación de empleo y en producción industrial (nuevos productos y servicios para esta población que en apenas unos años será un tercio del total del país).

Es más, si España arranca ya (y puede hacerlo porque se dan las condiciones de partida para hacerlo), podría generar productos para la exportación y generar servicios con el impacto que el sector turístico ha tenido sobre nuestra Economía.

Y no hablo solo del sector del Turismo Sanitario, hablo del sector de la construcción y nuevos enfoques de cohousing, del urbanismo, del sector farmacéutico, del ocio, del sector financiero, de las infraestructuras de telecomunicación para dar soporte a Ciudades Inteligentes amables con los mayores, de programas de Recursos Humanos intergeneracionales en las empresas, de alimentación saludable donde el ciudadano tiene información de lo que está comprando, de sensores, de Universidades para Mayores, de formación continua, de cambios legislativos, de tecnificación de las residencias de mayores, de vehículos autónomos para población con déficit de movilidad… una revolución económica, en definitiva.

En resumen, un nuevo relato lleno de oportunidades para una población que, necesariamente en un momento u otro de su vida, tendrá que hacer el tránsito por esta etapa. Y los directivos han de interpretar el futuro tanto en clave de aprovechamiento de sus recursos actuales como de búsqueda de nuevas oportunidades gracias a la Innovación y a la Tecnología.

Benigno Lacort es ingeniero de Telecomunicación por la Universidad Politécnica de Madrid y diplomado en Alta Dirección por el Instituto Internacional San Telmo.

Ha desempeñado su actividad profesional alternando el sector privado con el sector público. Ha trabajado en la consultora europea SCL, en el CDTI, en la consultora PWC, en el constructor aeroespacial Boeing, en la Junta de Andalucía, en el Grupo Telefónica, en la patronal AMETIC .

Miembro fundador de la Plataforma Tecnológica Española de Tecnologías para la Salud y la Vida Activa e Independiente (eVIA), ha dedicado tiempo de investigación al reto demográfico, habiendo concluido que gracias a la Innovación y a la Tecnología es factible desarrollar un potente sector económico en nuestro país alrededor de esta cuestión. Un sector que podrá exportar productos y servicios a la vista del perfil demográfico de nuestro entorno.  En definitiva, una gran oportunidad de desarrollo.

En la actualidad es el CEO de Senior Economy Forum, profesor en la Universidad Europea de Madrid y miembro del Consejo Aseror de la fundación Selectiva.

 

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